"Mucho amor germina en la casualidad; tened siempre dispuesto el anzuelo, y en el sitio que menos lo esperáis encontraréis la pesca" Ovidio .
Pasamos media vida, o una vida entera, intentando encontrar nuestra media naranja cuando no nos damos cuenta que nuestra media naranja es esa persona que está reflejada en el espejo. No se trata de encontrar a alguien de quien dependa intrínsecamente nuestra propia felicidad, ya que uno mismo es el responsable de conseguirla, se trata de encontrar un compañero de viaje, que lo haga más interesante, que aporte, que te ayude a seguir cuando las fuerzas flojean y sobretodo que te haga ser mejor persona.
Nadie es perfecto, por tanto, quédate con esa persona que aporte magia a tus días. Porque la magia reside en las pequeñas cosas. En los detalles que se dan sin recibir nada a cambio, en los abrazos sabor a "todo va a ir bien", en los mordiscos que denotan cariño, en las risas nerviosas, en las miradas directas a los ojos, en todas esas palabras que se dicen en silencio, y en aquellas que por un motivo u otro no se dicen, en besarse con los ojos, o en la frente, en comerse poco a poco o a prisa, en tirarse sobre la cama después de un día ajetreado, en tu comida favorita, en que se queden a tu lado sin un por qué, en que te insistan a que te desahogues, en apoyar la cabeza sobre su pecho. Y sí, es verdad que son cosas pequeñas, cosas que si se sacan de contexto pueden no significar mucho pero que en el contexto adecuado pueden tintar de color cualquier día gris.
No es necesario ser astronauta para llegar a la luna, ni ser piloto para rozar el cielo con la punta de los dedos. No se necesitan motivos para sonreír, es más, puede que vivir sea ya un motivo más que suficiente para hacerlo.
Nadie es perfecto, por tanto, quédate con esa persona que aporte magia a tus días. Porque la magia reside en las pequeñas cosas. En los detalles que se dan sin recibir nada a cambio, en los abrazos sabor a "todo va a ir bien", en los mordiscos que denotan cariño, en las risas nerviosas, en las miradas directas a los ojos, en todas esas palabras que se dicen en silencio, y en aquellas que por un motivo u otro no se dicen, en besarse con los ojos, o en la frente, en comerse poco a poco o a prisa, en tirarse sobre la cama después de un día ajetreado, en tu comida favorita, en que se queden a tu lado sin un por qué, en que te insistan a que te desahogues, en apoyar la cabeza sobre su pecho. Y sí, es verdad que son cosas pequeñas, cosas que si se sacan de contexto pueden no significar mucho pero que en el contexto adecuado pueden tintar de color cualquier día gris.
No es necesario ser astronauta para llegar a la luna, ni ser piloto para rozar el cielo con la punta de los dedos. No se necesitan motivos para sonreír, es más, puede que vivir sea ya un motivo más que suficiente para hacerlo.
Venecia sin agua