domingo, 21 de septiembre de 2014

Maldita dependencia.

"Cuando el poder del amor supere al amor al poder, el mundo conocerá la paz" Jimi Hendrix


Cerrar los ojos y recordar sus besos. Sentir sus labios pegados a los tuyos, una vez más, pese a que él no esté a tu lado. Su lengua echando un pulso con la tuya y tú, como siempre, dejándote ganar una y otra vez para pedirle con la mirada la revancha. Y pasarse las horas muertas bebiendo el uno de la boca del otro y el otro de la boca del uno, sin recordar ni para qué sirve el agua, ya que eres tú el que me quita la sed cuando estoy sedienta. Pero sedienta de ti.

No es difícil que en esas circunstancias la ropa empiece a sobrar, ya que los buenos besos son aquellos que empiezan en la boca y se sienten en las entrañas. El formar parte del mismo beso, compenetrando los latidos con la boca, fundiéndose el uno con el otro, sin saber si soy yo o si eres tú. Sin saber si estoy en la tierra o en el paraíso prometido. Besos tiernos alternados con besos que hacen que suban la temperatura. Besos de esos que te desnudan el alma y que no quieres ni por un momento parar. Y es que prefiero pisar el acelerador que el freno, y tú me aceleras no sabes cuanto. Soy fuego y tú gasolina y ya sabes el final.

Maldita dependencia, que hace que recuerde tus besos en cualquier instante, que hace que de repente me entre una sed tremenda que no me la quita ni la mejor de las aguas. Maldita dependencia, que me recuerda tu olor y el olor de tu tabaco. Maldita dependencia, que hace que los días sin verte pasen a cuentagotas  y que el tiempo contigo sea arena entre los dedos.


Maldita dependencia, que creas sin ser nada. Aunque prefiero ser tu nada a no ser nada tuyo.


Venecia Sin Agua






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